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Sunday 20th of May 2012    

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Fundador*

El hombre, en su afán de conocer la creación, ha querido siempre medir los objetos y las distancias y lo ha hecho siempre a través de referencias, la mayoría de las veces, poco precisas. Desde los pies y codos de la antigüedad hasta el metro, patrón moderno, siempre ha buscado una definición precisa e invariable hasta que en 1983 se redefine esta unidad por medio de la constante universal por excelencia “la velocidad de la luz”. El Padre Salazar, hablaba de cómo los científicos, después de dar tantos rodeos, han vuelto al inicio, al Génesis bíblico y a la primera creación de Dios en todas las cosas, desde la sonrisa de un niño, hasta la forma científica de medir el universo y todas las cosas de la creación siempre marcó una constante en la vida del Padre Salazar. Siempre me impresionó este sacerdote, científico e ingeniero, que al mismo tiempo trabajaba y vivía en medio de cosas y realidades concretas y que seguía descubriendo a Dios en cada una de ellas. Alguien cuya fe y vocación científica nunca lo llevaron a contradicciones y que encontraba congruentes dos formas de ver la vida que a muchos les parecen incompatibles o diferentes. Esa vocación por la fe mezclada con un rigor científico y con el tesón de un Quijote o la persistencia de un aragonés, fue la que llevó al Padre Salazar a desarrollar una idea y no descansar hasta verla hecha realidad en los primeros frutos de este proyecto. No pudo recorrer el camino completo, como no lo recorre ningún humano que emprende una obra de futuro, pero vio el inicio del camino, levantó su primera cosecha, la primera promoción de bachilleres generales. >Pero es esta vocación por la educación científica la que hacía peculiar al Padre Salazar. Es común imaginar al sacerdote como alguien dedicado a las cosas de Dios y alejado de una computadora; piadoso, pero sin conocimientos de informática; caritativo, pero sin nunca haber abierto el motor de su carro; humilde, pero sin conocimientos de ciencias puras o aplicadas. Sin Embargo, estamos hablando de un Ingeniero, de un Científico y sobre todo de un sacerdote. El Padre Salazar era, entre otras cosas, un experto en informática y en motores. Era un amante de la filosofía, la matemática, la química, la termodinámica y tantas otras ciencias. Al final la ciencia es un arma que Dios le da al hombre para que, como señor de la creación, la administre y transforme. Además, era un gran amante del Derecho Canónico y del Derecho Civil, amor heredado de su padre, pues el hombre debe regirse por leyes que le demarquen su hacer y que enmarquen su coexistencia con los demás.

*Artículo escrito por: Ing. Líber Guzmán.

 

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